Fatiga pandémica: qué es y sus consecuencias

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Sentirse decaído y tener pensamientos intrusivos en esta época de crisis sanitaria no es cosa de una minoría, y es precisamente por ello que esta mezcla de sentimientos negativos que a menudo reúne malestar, agotamiento y pesimismo ha recibido un nombre por parte de la comunidad sanitaria para empezar a tratar este síndrome como la ola depresiva que constituye. Estamos ante un crecimiento de casos de la llamada fatiga pandémica.

¿En qué consiste esta afección?

La llamamos afección porque los expertos no lo consideran todavía un trastorno psicológico porque engloba muchas cosas. Cuando la desconfianza, la incertidumbre y la pérdida de esperanza se unen al confinamiento domiciliario que tanto nos aísla de nuestro círculo habitual, además de al miedo de que nuestro entorno pueda verse afectado, surgen a flote todos nuestros males; y aunque podrían parecer solo psicológicos, los pensamientos obsesivos acaban afectando a nuestra salud e interfieren incluso en la forma en como comemos o como dormimos, por lo que finalmente la fatiga termina por ser también física.

Nos sentimos más debilitados y si intentamos hacer cosas para dispersarnos y no conseguimos disfrutar de esas actividades, la culpabilidad y la insatisfacción se suman a la carga que llevamos en los hombros y que crece a cada día que pasa.

Algo global

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Ese sentimiento tan negativo crece entre la población a cada día que no encontramos una vacuna y, ciertamente, aunque no es una clasificación clínica que esté soportada en la evidencia científica, está afectando a muchas personas y sirve para dar nombre al conjunto de preocupaciones, síntomas y trastornos más comunes entre la mayoría de las personas, sea cual sea su edad, sexo o procedencia ya que, puesto que el virus está afectando a todo el planeta, compartimos las mismas inquietudes que cualquier otra persona en la misma situación por lejos que viva.

¿Qué síntomas experimentamos?

A nivel individual nos encontramos tristes, con dificultad para concentrarnos, con desesperanza y preocupación por el futuro, nuestro y de las personas que queremos, con miedo a podernos contagiar, o que se contagien las personas que queremos, y muchas otras sensaciones desagradables que nos hacen sentir en permanente incomodidad.

La tristeza, los pensamientos negativos y el cansancio, nos colocan en una situación de alerta continua difícil de manejar, pero si somos conscientes de que estamos pasando por ello tenemos la oportunidad de hacer algunas cosas en nuestro beneficio que nos pueden ayudar.

¿Cómo resolver la fatiga pandémica?

Aunque es posible que esto nos acompañe durante años, incluso una vez la pandemia haya mitigado por las vacunas, dormir y comer bien, hablar con familiares y amistades que puedan estar sintiéndose igual que nosotros, realizar actividad física y practicar cualquier tipo de hobby o limitar la cantidad de información a la que accedemos, son algunas de las cosas que pueden contribuir a prevenir la fatiga pandémica y a reducir el estrés que viene con ella.

Además, debemos concienciarnos de que estamos viviendo un momento difícil y de que cada persona lo está viviendo de una forma distinta, que puede ser más o menos abrumadora, por lo tanto, no debemos juzgarnos ni a nosotros mismos por si nuestra productividad decae o no nos sentimos con tantas ganas de hacer cosas ni a los demás, por sus miedos, inseguridades o preguntas.

La solución se encuentra tanto en el autoconocimiento, análisis y comprensión como en el apoyo colectivo, el respeto y la responsabilidad no solo con la situación sino también emocional.

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